
AMIGOS EN PARANÁ
¡Aquél Paraná de 1962! Sin túnel subfluvial, Zárate Brazo Largo, ni caminos asfaltados, cuando para cruzar desde Santa Fé, había que tomar la lancha o el Ferry, siempre que salieran porque cuando el río estaba un poco encrespado había que resignarse y según los recursos, quedarse a dormir sobre un banco del puerto, o volver en ómnibus a la ciudad hacia algún alojamiento.
Seguía rigiendo la hipótesis de conflicto que se estudiaba en la Escuela Superior de Guerra, “Invasión de los brasileños”. Para dificultar su avance, nada de caminos, puentes o túneles, ni aerodrómos, sólo tierra enfangada, lo que generaba grandes dificultades la gente y el retraso de la Mesopotamia. Pasados casi cincuenta años, a la luz de lo sucedido no sabemos si reír o llorar. Todo muy funcional a quienes no les interesa la unidad de América Latina.
Me convocaron para poner en funcionamiento una planta desecadora de alimentos por sistema Spray, instalada con un crédito generoso, otorgado por un gobernador radical al que el gobierno de fuerza que lo había depuesto, no sabía como recuperar.
Su propietario era un acopiador de cereales, enriquecido con el amiguismo político y fundido idem, gracias a esa fábrica que nunca habían conseguido funcionara. La habían diseñado ingenieros entrerrianos del “palo” del propietario, sin experiencia concreta sobre el trabajo industrial.
Un mundo de acero inoxidable me subyugó, conseguí vincularme a un técnico suizo que había abandonado recientemente a la Nestlé y mediando su asesoramiento, acepté tratar de rectificar esa maraña de incongruencias productivas.
Así fue que conocí a mis amigos de Paraná.
En primer lugar al Dr. Oscar Gonzáles, abogado del propietario, a quien vaya a saber por qué llamaban “el Moco”, un hombre de bien algo ingenuo, un idealista, que fue quien dió conmigo y con la gente que se asociaría a la fábrica, a través de él tuve la suerte deconocer a José y Bernardo.
Bernardo poseía una mueblería en Paraná, en otro tiempo próspera, y vivía en un humilde departamento de planta baja en compañía de José.
Retrocedamos en el tiempo para adentrarnos en la historia de estos amigos, principales animadores del relato.
Por mil nueve cuarenta y tantos Bernardo, poseía una agencia de publicidad con altavoces por Lanús o Valentín Alsina, que se instalaban en la vía pública o sobre autos y camionetas, en la que colaboraba José. El nazismo seguía vigente, alarmados por los antecedentes de Perón, se sumaron a la campaña en su contra y comenzaron a ser perseguidos por las autoridades. Cuando el Gral. Perón ganó las elecciones emigraron hacia el Uruguay.
José que era un calificado sastre de hombres, instaló una sastrería en la Avenida 14 de Julio, la principal de Montevideo, con la que tuvo éxito y un período de bonanza.
Por entonces debía andar por los treinta años, se enamoró apasionadamente y quería casarse.
Le advirtieron que la madre de su novia estaba internada desde hacía tiempo en el Vilardebó, equivalente a nuestro manicomio de Vieytes, y que su mal podía ser hereditario, pero eso no lo arredró.
Gozó durante varios años de felicidad matrimonial. Cuando la suegra atravesaba períodos de mansedumbre la llevaban a su casa para pasar las fiestas. Durante un año nuevo sufrió un descomunal brote psicótico y fue el detonante para que la afección hereditaria también se mani-festara en la hija.
José internó a su mujer en la mejor clínica psiquiátrica, aunque era muy cara. La iba a visitar todos los días y en su desesperación descuidó el trabajo. La falta de recursos lo obligaron a reducir sus gastos al mínimo pero no reparaba en sacrificios. Cuando se quedó sin nada tuvo que resignarse a que a ella también la internaran en el Vilardebó y siguió visitándola todos los días. Durante un par de años durmió en la calle y comió cualquier cosa, el amor de su vida ni siquiera lo reconocía. José, que nunca había bebido, adquirió un vicio que lo mareaba sin hacerle perder su innato sentido de la amabilidad.
Finalmente buscó refugió en casa de Bernardo que se había hecho cargo de la mueblería paterna.
Yo los conocía del Estudio del Dr. Gonzáles, o de alguna charla ocasional de café, cuando inmovilizado por la intransibilidad del camino debía esperar en Paraná.
Producto de la inclemencia del tiempo, las fatigas del viaje y el exceso de trabajo me vi afectado por una fuerte angina con fiebre, el Dr. Gonzáles consiguió que me refugiara en el departamento de Bernardo y José hasta reponerme.
La atención sencilla y delicada, la compañía amistosa, tan natural como si no fuese nada, fueron el mejor remedio.
Bernardo y José no se parecían, salvo en la bohemia. Bernardo era un gordo, rubión, medio pelado, de ojos celestes, de aspecto eslavo y origen judío, que había leído bastante pero no cotorreaba sobre lo que había leído, sino que aplicaba su razonamientos a los temas diarios de conversación.. José descendiente de árabes, más retacón y fuerte, morocho de grandes ojos negros conquistadores, resultaba muy simpático.
Cada uno tenía sus debilidades, Bernardo estaba metejonado con una mujer más jóven, a la que no llegué a conocer, la Colorinche, debía ser pelirroja, y que según las buenas lenguas se aprovechaba de los menguados recursos de Bernardo. A José había que disculparle sus repetidas escapadas a cargar combustible en el boliche.
La cuesta abajo económica de Bernardo comenzó con una campaña política, le prometieron nombrarlo director del Banco Municipal de Paraná, le acordaron un crédito en ese mismo Banco para solventar la publicidad. Cuando ganaron se olvidaron de él, y el crédito se transformó en su salvavidas de plomo.
A todo esto la fábrica ya estaba lista para elaborar leche en polvo y necesitábamos algún promotor para conseguir que nos entregaran la leche los pequeños tamberos ruso alemanes de los alrededores, José se ofreció y como conocía la zona, cayó como anillo al dedo.
Su trabajo fue muy eficiente, cuando un marido no se decidía, la simpatía de José influía sobre la mujer para decidirlo. Alguna vez medio en broma, medio en serio, le pregunté de que medios se valía para conquistar influencia tan decisiva y... ¿Dónde? ¿Cómo?
– Cuando tienen que acercarse al pueblo yo las arrimo con la camioneta, el asunto es andar siempre con un diario grande para invitarlas a acomodarse debajo de los puentecitos que atraviesan los arroyos, Entre Ríos es muy húmedo.
La contra con José era que la vieja camioneta “Baqueano”, matungo que llevaba al jinete mareado hasta la querencia, se paraba sola ante cada boliche.
La leche en polvo que elaborábamos era aceptable y durante varios años fuimos despegando trabajosamente. Cuando Bernardo cerró la mueblería se incorporó también al equipo de promoción., relaciones públicas lugareñas.Todos vivíamos en la casa para personal de la fábrica.
Los fines de semana solía visitarnos el Dr. Prelat, muy amigo de Bernardo. Había recorrido el mundo como Profesor contratado por la Unesco y, entre otros cargos docentes, fue Rector de la Facultad de Ingeniería Química de Santa Fe.
Era un conversador formidable, nos podíamos quedar horas escuchándolo, mientras su pequeño hijo pretendía cazar palomas con la honda. Dirigía una revista dedicada a desenmascarar la multitud de teorías seudo científicas, Él no estaba en contra sólo, pretendía para evitar confusiones que no se declararan científicas.
Al verlo así, de entrecasa, boina, alpargatas, pantalón y remera de larga data, nadie lo hubiera supuesto persona tan sapiente.
Un día en que la camioneta de José efectuó más paradas que las debidas, volcó y en el accidente José perdió un brazo. Al salir del hospital no quiso dejar de trabajar y se dio maña para continuar con la promoción.
Durante un verano muy lluvioso, en el que perdimos varios cientos de miles de litros de leche porque los caminos no nos permitían acercarla a la Planta, la situación financiera se agravó.
Esperabamos salir adelante con un crédito del Banco Industrial, pero el socio cerealista que tenía firma, retiró el dinero del Banco y se escapó con su familia, con gran sorpresa del Dr. Gonzáles que confiaba en él y toleraba sus desatinos.
Como fuera de Nestlé por entónces eramos la única fábrica de leche en polvo Spray del país, les propuse a los principales accionistas que cediéramos la mayoría accionaria a alguno de los grandes productores lácteos.
Encomendaron a un estudio Contable de Santa Fe el estudio de la situación. Un fabricante de silos se interesó. A mí me pareció ese personaje un vaciador de empresas en dificultades y me desvinculé.
En pago de lo que había aportado y de sueldos que me adeudaban, me entregaron una receptoría de leche que habíamos adquirido en Basavilbaso con la que pude hacer muy poco, José me acompañó y por un corto tiempo seguí disfrutando de su bonhomía.
Pero esa es otra historia, terminó casado con una vieja modista de Santa Fé y Bernardo recaló en el departamento de su familia en Buenos Aires, y tuvo la satisfacción de ver publicadas en los diarios varias cartas suyas sobre temas cotidianos.
A los dos y al Dr.González los seguí viendo cada tanto. Desde donde estén siempre me acompañarán.
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