lunes, 19 de noviembre de 2007





















LA CIUDAD HOSTIL



Todos decimos amar a nuestra Buenos Aires, pero la ciudad nos irrita.

Las grandes megalópolis de diez, quince o veinte millones de habitantes, desgastan a su gente.

Las obligan a grandes recorridos, a un permanente apuro, a la lucha perpetua contra los demás, sean los automóviles, los transportes públicos de pasajeros, los otros transeúntes, las autoridades, los diferentes porque son diferentes e interfieren nuestra rutina, y los iguales porque pueden ocupar nuestro espacio.

Las grandes moles de edificación, nos impiden ver la escasa Naturaleza que se puede contemplar en la selva urbana, mientras nos cuidamos de que nadie nos atropelle, o nos robe. Agotados por las obligaciones y la competencia la tolerancia se reduce a un mínimo, la intemperancia se vuelve costumbre. Los destrozos de estaciones o de vehículos, la suciedad arrojada a la calle, o las paredes enchastradas con pavadas o insultos, son un síntoma y una reacción justificable a lo que estan sufriendo.

Y la tendencia parece irreversible, cada vez más autos complicando el tráfico y contaminando el ambiente, cada vez más torres impidiendo la contemplación del cielo.

Lo ideal sería desconcentrar, ciudades de veinte mil a doscientos mil habitantes, con algunos centros de hasta quinientos mil, contribuirían a una vida más tranquila, medianas y pequeñas empresas proporcionarían trabajo cerca, dispondríamos de más tiempo para pensar, estudiar y recrearnos, y un contacto más fluido con el medio Natural.

Es un proyecto a futuro con el que habría que comenzar desde ahora, sin destruir las megalópolis, mi Buenos Aires querido, las sentiremos más queridas cuando se dejen querer descongestionadas.

Me dirán que la ciudad es un enorme centro de agitación y difusión cultural y es cierto. Pero con los medios tecnológicos a nuestro alcance se podrá también difundir, crear y polemizar en ciudades adecuadas a una vida menos agitada, en que las energías puedan volcarse a actividades más placenteras que el diario ajetreo urbano.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Qué lindo... por acá andamos añorando la lancha y la bolsa...
-N