
No critico todo.
Estoy a favor del tren bala. A Rosario en una hora, a Mar del Plata en hora y media, para atraer turistas extranjeros y argentinos de clase AB1 (o que ganan la guita fácil).
Yo estoy de acuerdo siempre y cuando las empresas privadas asuman los costos de su instalación y explotación, porque para amortizar la inversión y obtener rédito, se van a ocupar por traer al país multitud de pasajeros, que gastarán divisas y contribuirán a la creación de nuevos empleos.
En cambio si el Estado, es decir casi todos nosotros, los trabajadores, los desocupados, los jubilados, los profesionales, los pequeños y medianos empresarios, vamos a redondear el negocio de las empresas multinacionales, los miles de millones de dólares en los que nos quieren vender el equipamiento y la instalación, estoy totalmente en desacuerdo.
Se calcula que la explotación inicial del tren bala producirá tremendos déficits que deberán ser subsidiados, ineficiencia y negociado mediante a los que se prestan los subsidios. Comprar un buzón del mismo color dos veces, no. Que el Estado instale, o compre, como le compramos a los Ingleses, lo que inevitablemente dará perdida, suena a historia repetida , a una decadencia y abandono que conocemos. Además, si tomaran posesión de las vías troncales para un tren bala para privilegiados nos quedaríamos definitivamente sin posibilidades de desarrollar un ferrocarril en serio.
Semejante montaña de dinero permitiría reactivar la mayor parte de los 50.000 km de vías ferroviarias de carga que dadas las actuales circunstancias (gran demanda de alimentos) serían rentables, proyectar otras que intercomuniquen al interior y no solo confluyan al puerto, e iniciar la remodelación de un transporte digno de pasajeros, reduciendo los daños provocados por el intenso tráfico automotor y el consumo de energía.
¡Qué ilusión! Me imagino a nuestros muchachos estudiando carreras actualizadas en Ingeniería Ferroviaria y fluvial . Capacitándose para diseñar y dirigir, con posibilidades de realizar para el país
Beneficiemos a las mayorías, argentinas y latinoamericanas, sin negarles su “caldito” a los grandes capitales internacionales, pero por favor, que no se nos atragante por espeso.
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