lunes, 10 de marzo de 2008




Cuentos de Pago Chico

La Ley de Promoción Industrial se sancionó con el objeto de compensar a las provincias que no son pobres, las hacen más pobres quienes exprimen la teta sin llevar la cuenta. Caudillos multimillonarios que gobiernan como señores feudales. Se disputaba la radicación de las industrias promovidas. En La Rioja construyeron Parques Industriales semigratuitos, y para reducir la desventaja de la distancia se creo una repartición con oficinas en Buenos Aires encargada de fletar trenes enteros con lo que se reduciría la tarifa.
Hoy en día los Parques Industriales son utilizados, salvo excepciones, como depósitos de empresas comercializadoras, y el mismo Gobernador que aparentaba facilitar el uso del ferrocarril, cuando llegó a Presidente dejó a su Provincia sin un solo tren en funcionamiento.
La ley de Promoción fue útil a algunas empresas, industrias regionales que con o sin ley hubieran seguido funcionando, para expandirse a costa del Estado, eliminar competidores más respetuosos de los fondos públicos, y expoliar a los pequeños productores sometidos a su liderazgo.
Una pequeña Pyme fue la ultima en usar el ramal Serrezuela San Juan, en la Estación Milagro, para transportar aceitunas hasta Buenos Aires, y retornar los bidones vacíos.
El Jefe de Estación atendía un puesto de billetes y quiniela cercano, por lo que había que encomendarse a su buena voluntad y fortuna, para que afrontase la contrariedad de pedir a tiempo vagón para su único usuario.
Transportar veinte kilómetros en camión las aceitunas envasadas en bidones 250 kilos cada uno, trasbordarlas al vagon a mano, sin rampa de carga, dársena ni nada que se le pareciera, tarea en la que cuatro hombres empleaba un día entero, y confiar que los precintos no serían violados y la mercadería saqueada.
A la llegada a la Estación Saldías (Bs.As.) era cuestión de vencer la burocracia para obtener permiso de descarga, y repetir el uso de camiones y la manipulación de la carga, para llevar los bidones a destino en el Gran Buenos Aires y retornar con los vacíos en el lapso de ocho horas.
Solo la defensa enconada de los ferrocarriles argentinos podía impulsar a usarlos a aquellos que, por negarse a la coima o la recomendación, no disponían de galpones en las estaciones de Buenos Aires, más baratos que los depósitos privados equivalentes.

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